Para vivir la Pascua de forma plena se debe aceptar la muerte en el propio interior, esa zona del alma en la que se está demasiado vivo: donde están los temores, rencores, intereses, tristezas y egoísmos. Hay que resucitar ahí en donde estamos muertos. Hay que resucitar a la fe, esperanza, amor, paz y alegría.
No hay que solamente celebrar la resurrección que aconteció hace 21 siglos, sino que hay que intentar que la Pascua sea fiesta actual en la que los cristianos resucitamos a la verdadera vida, vida de hijos amados del Padre, y testimoniar al mundo que es posible morir y resucitar, ya en esta vida, y vivir con intensa alegría ya que la muerte no tiene la última palabra en nuestra existencia. Alegría, porque después de esta vida existe la verdadera vida gracias a la Resurrección de Jesucristo, nuestro Señor.
De Jesucristo podemos decir:
Vino a la vida para que la muerte
dejara de vivir en nuestra vida,
y para que lo que antes era vida
fuera más muerte que la misma muerte.
Vino a la vida para que la vida
pudiera darnos vida con su muerte,
y para que lo que antes era muerte
fuera más vida que la misma vida.
Desde entonces la vida es tanta vida
y la muerte de ayer tan poca muerte,
que si a la vida le faltara vida
y a nuestra muerte le sobrara muerte,
con esta vida nos daría vida
para dar muerte al resto de la muerte.
(poesía de Francisco Luis Bernárdez)
Feliz Pascua Resurrección.