Artículo tomado de: https://puertoricoyamericalatinadelxvialxx.wordpress.com. Posted on por Kevin Rupizá Rodríguez

No sabemos con precisión cuándo y cómo empezó la devoción a la Virgen Morena en Puerto Rico. No obstante, debe haberse conocido en la Isla desde el mismo siglo XVI, o más probablemente en el XVII, el prodigio del Tepeyac.
Entre el 9 y 12 de diciembre de 1531, un indígena de la región de Cuauhtitlán, al norte del valle de México, llamado Juan Diego Cuauhtlatoatzin (c. 1474-1548) alegó que la Virgen María se le apareció en el cerro del Tepeyac, antiguo lugar de culto a la «madre de todos los dioses» aztecas, Tonantzin. Según Juan Diego, la «Madre del verdadero Dios por quien se vive», le pidió que se presentara ante el obispo electo de México, Fray Juan de Zumárraga, para pedirle en su nombre que construyera una «casita» donde pudieran ir a orar sus devotos. Al Zumárraga no creerle y pedirle una señal, la Virgen hizo aparecer rosas de castilla en el terreno árido del cerrito para que Juan Diego las colocara en su ayate y, luego de ser tocadas por ella, las llevara ante el Obispo y solo ante él las descubriera. Al mediodía del martes 12 de diciembre de 1531, en presencia del Obispo Zumárraga, Juan Diego desplegó el ayate y, al caer las rosas al suelo, apareció súbitamente pintada la imagen de la Virgen tal y como la había visto Juan Diego. El obispo, cayendo de rodillas, aceptó el milagro y ordenó la construcción de una ermita en las faldas del cerrito. Las ermitas fueron expandiéndose hasta que finalmente, entre 1694 y 1709 se contruyó un gran Santuario que recibió el titulo de Colegiata y en 1904 el de Basílica Menor. La actual Basílica es un monumental templo diseñado por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez y construida entre 1973 y 1976. Desde el mismo siglo XVI, la Virgen de Guadalupe se convirtió en la advocación principal de la Nueva España (hoy México).
La Virgen de Guadalupe de Extremadura en Puerto Rico
Diego de Torres Vargas, canónigo de la Catedral de San Juan, escribe en 1647 una historia civil y eclesiástica de la isla. Esta obra se tituló «Descripción de la Isla y Ciudad de Puerto Rico, y de su Vecindad y poblaciones, Presidio, Gobernadores y Obispos; Frutos y Minerales» y fue enviada al historiador español Gil González Dávila para su libro «Teatro Eclesiástico de las Primitivas Iglesias de las Indias Occidentales» (1649). En esta obra, Torres Vargas intenta resaltar el carácter devoto católico de Puerto Rico y a la misma vez enfatizar las virtudes del criollo, del nacido en Puerto Rico, ante las pretensiones de superioridad por parte de los peninsulares.
En su obra, Torres Vargas destaca varios ejemplos de santidad y devoción local. Uno de esos ejemplos es un aparente milagro atribuído a la Virgen de Guadalupe:
«Un milagro hallo comprobado en el libro de Nuestra Señora de Guadalupe, que fue cuando en la tormenta rigurosa de San Bartolomé, que hubo en esta Ciudad (San Juan de Puerto Rico), ha más de 70 años, se llevó al aire una criatura, que pasaba de una casa a otra, y encomendándose a la Virgen de Guadalupe, de allí a tres días se halló viva y sana debajo de una teja.»
Para efectos de este estudio, lo que interesa es que ya se habla de un milagro la Virgen de Guadalupe «ha más de 70 años». Por lo tanto, el alegado milagro tuvo lugar alrededor de la década de 1570s. No obstante, lo más probable es que la advocación mariana a la que se le atribuye este milagro se refiera a la Virgen de Guadalupe de Cáceres (Extremadura, España) y no la de México.
De ermita a Catedral: Nuestra Señora de Guadalupe de Ponce
Ya entrado el siglo XVII, al sur de la isla, fue que la Virgen Mexicana llegó para quedarse. Para 1670 (poco más de 20 años del relato de Torres Vargas) ya existía un poblado con una ermita dedicada a la Virgen de Guadalupe, «la misma que se venera en la Nueva España» . De esta estamos seguros que se trata de la Guadalupana, debido a que en 1692se funda como Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe de Ponce.

Es el historiador ponceño, el Dr. Eduardo Neumann Gandía (1852-1913) quien expone en su libro Verdadera y Auténtica Historia de la Ciudad de Ponce (1913) la historia de la devoción guadalupana en la Ciudad Señorial. En el séptimo capítulo, titulado «El Culto de la Guadalupe», Neumann hace una especie de apología ante los plantamientos de su colega Salvador Brau, quien alega que la Virgen de Guadalupe que se venera en Ponce viene de Extremadura y no de México.
Neumann le refuta argumentando que:
«Es indudable que el culto de la Guadalupe pasó de México a Puerto Rico, y no de España. […] De allí (México) pasó sin duda el culto a la Isla de San Juan (Puerto Rico) el cual dió lugar a la fábrica de la rústica capilla en Ponce, allá por 1670, teniendo en cuenta las periódicas travesías de los galeones españoles que traían a Puerto Rico los situados, que México enviaba pata el pago de las atenciones gubernamentales. La gente que tripulaban los galeones, marinos de exaltada imaginación, se harían lengua de los milagros de la Guadalupe, en aquel tiempo de fe católica irreflexiva y de frecuentes apariciones, y hasta traerían a la isla estampas, medallas, cuadros, devocionarios y libros, sobre la aparición de la Guadalupe para venderlos en Puerto Rico, y a esta circunstancia obedeció en realidad que los ponceños rindiesen homenaje desde temprana época a Nuestra Señora de Guadalupe.»
(Eduardo Neumann Gandía, Verdadera y Auténtica Historia de la Ciudad de Ponce (1913). (San Juan: Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1987): 27-28.)

Imagen original de bulto de Nuestra Señora de Guadalupe, Catedral de Ponce, siglo XIX.
A esto añado que no es nada improbable ni descabellado pensar que la devoción mexicana llegó a Puerto Rico en dicho siglo XVII. Ya en 1571, el capitán Gian Andrea Doria llevaba una copia del Ayate de Juan Diego, regalada por el rey Felipe II, en la cabina de su barco durante la Batalla de Lepanto. Luego de dicha batalla, en la cual las fuerzas de la Santa Alianza (España, estados italianos y papado) vencieron a las fuerzas del Sultán Selim II, hijo de Suleimán El Magnífico, la imagen fue trasladada a la iglesia parroquial de Santo Stefano d’Aveto en Génova, Italia. El situado mexicano era el dinero que se enviaba desde la ciudad de México, capital del Virreinato de la Nueva España, para sufragar sobretodo los gastos militares de las grandes plazas del Imperio, entre ellas San Juan de Puerto Rico. El mismo se pagaba en plata y era importado en galeones. Por otro lado, cabe destacar que las interpretaciones de Neumann, típicas de la historiografía puertorriqueña de finales de la dominación española, muestran cierto escepticismo ante la religiosidad popular hispánica de los primeros siglos.
Para reforzar su planteamiento, Neumann transcribe un acta del Cabildo de la Ciudad de Puerto Rico, fechado en 1757 en el que se establece que «En este Cav[il]do. se exhibieron por mi el Srio la Bula para que se publicase para Patrona de aquel Virreinato y de esta Isla a la Snma. Virgen María Señora Nuestra con el Título y advocación de Guadalupe, la misma que fue aparecida en aquel Reino…»
Dicho documento hacía referencia a la bula del Papa Benedicto XVI del año 1756 en el que proclamaba a la Virgen de Guadalupe como Patrona del Virreinato de Nueva España (México), dentro del cual se incluían las Antillas Españolas. De esta manera, la Virgen de Guadalupe puede ser considerada como la primera patrona de Puerto Rico.

Proclamación de la Virgen de Guadalupe como Patrona de todos los Reinos de la Nueva España,
El historiador del arte Teodoro Vidal identificó un portapaz de plata de finales del siglo XVIII o principios del XIX con la imagen de la Virgen de Guadalupe de México en la Catedral homónima en la ciudad de Ponce. El Diccionario de Bienes Culturales define el portapaz como una «plaqueta eucarística, realizada generalmente en plata, grabada, nivelada o esmaltada, con un asa saliente en su parte posterior y, a menudo, decorada en el anverso con un símbolo sacro, una escena evangélica (generalmente la Crucifixión) o hagiográfica […] Su función era la de transmitir la paz a los fieles antes de la comunión. Los sacerdotes o sus acólitos acercaban el portadas a éstos, a las primeras bancadas si la misa era solemne y por lo tanto multitudinaria, dando a besar la imagen del pequeño retablo, de ahí que se le añada un mango o asa posterior». Vidal incluyó la imagen del portapaz ponceño en su libro sobre Los Espada, maestros imagineros sangermeños.
“Portapaz de plata de la Catedral de Ponce, orfebre anónimo, fines del siglo dieciocho o principios del diecinueve”, Teodoro Vidal, Los Espada, Escultores Sangermeños. (San Juan: Ediciones Alba, 1994): 32.
Desde el siglo XIX, Ponce es la segunda ciudad de la Isla y cuna de grandes próceres y personalidades. La Parroquia de Nuestra Señora de Guadalupe es elevada al rango de Catedral en el año 1924 por el Papa Pío XI, convirtiéndose Ponce en la segunda diócesis fundada en Puerto Rico. Desde entonces, las mañanitas a la Virgen de Guadalupe en Ponce se han hecho súmamente célebres en Puerto Rico.
El historiador y periodista ponceño Ramón Marín (1832-1903) publicó en 1875 su libro Las Fiestas Populares de Ponce, el cual narra las fiestas en honor a la Virgen de Guadalupe que se celebraban en la Perla del Sur. Según narra Marín, el novenario comenzaba el 2 de diciembre con la famosa «diana» al amanecer por las calles de la ciudad. Desde ese día se colocaba la imagen de la Guadalupana en un trono con flores y cirios, dando inicio a las festividades religiosas. El día 8 de diciembre, día de la Inmaculada Concepción, comenzaban las fiestas de pueblo tanto en el centro de la villa como en la Playa. Concursos de trovadores, danzas, recitaciones de poesías y cabalgatas dominaban el ambiente de Ponce. El día 11, la Víspera, se cantaba una Salve Solemne en la Iglesia mientras se lanzaban fuegos artificiales. Ya el día 12, fiesta de la Guadalupe, se celebraba la Misa Solemne con la participación de las autoridades civiles y eclesiásticas; la procesión con la imagen recorría las calles de la ciudad luego de las cinco de la tarde. Las fiestas concluían con música y fuegos artificiales.
Me atrevo a argumentar que lo que contribuyó a convertir las fiestas en honor a la Guadalupe en una de las más importantes y pintorescas de todo Puerto Rico, fue la importancia de Ponce como centro urbano comercial, política y militar, y su conversión en las postrimerías del siglo XIX en la segunda ciudad más poblada del país.


Catedral de Nuestra Señora de Guadalupe de Ponce, principios del siglo XX (Museo de historia de Ponce) y 2019 (fotografía por el autor). Durante los años 1930 la fachada fue ligeramente modificada y las torres fueron reconstruidas en un estilo diferente a las octagonales del siglo XIX.
Luego de la década de 1960, se le da un tono distinto a las fiestas Guadalupanas de Ponce. Es para este entonces cuando llega un grupo de mineros de procedencia mexicana a realizar estudios en el área sur de Puerto Rico. Al enterarse de que la ciudad de Ponce tiene como patrona a la Virgen de Guadalupe, deciden acercarse al párroco para solicitarle que les permita tocar una serenata a la Morenita en su fiesta patronal. Desde entonces, las famosas «Mañanitas» son parte intrínseca de la tradición ponceña.
Hoy día, las fiestas patronales de Ponce son de las más concurridas en todo el país, paralizando el tránsito en la ciudad desde la madrugada del 12 de diciembre.

Interior de la Catedral de Ponce, 2019. Fotografía del autor.
Una imagen guadalupana para el Convento de Carmelitas de San Juan (1793-94)

Convento de Carmelitas de San Juan de Puerto Rico, 1720.
Sin duda, el epicentro de la devoción guadalupana en Puerto Rico desde la época colonial española es Ponce. Mas existe otro episodio, expuesto por el historiador Arturo Dávila, que demuestra la devoción guadalupana proveniente de México «haciendo escala» en la Isla.
El teniente de Rey en Veracruz y su fuerte de San Juan de Ulúa, Diego García Panés, partía hacia América desde Cádiz. En el trayecto del puerto de salida hacia Tenerife, en Canarias, atravesó «peligros numerosos», por lo que prometió a la Virgen de Guadalupe celebrar una misa con su imagen «tocada a la original» . Al llegar a San Juan de Puerto Rico en enero de 1793, el Teniente y los oficiales del buque celebraron la Misa en honor a la Virgen de Guadalupe de México en el Convento de Carmelitas Calzadas de San José. La comunidad de Carmelitas
Un año después, García Panés le escribe a la Comunidad de Carmelitas a través de la Priora del Convento, Sor Maria del Corazon de Jesús Correa:
Bien conocí al despedirme que esa Santa Comunidad fervorizada en Devoción a María Santísima de Guadalupe Patrona de esta América sentía la separación de mi Imagen; pero deseoso yo de que logre Vuestra Reverencia y la Santa Comunidad otra semejante imagen para venerarla y darle culto en su Iglesia, donde movidos los corazones imploren la Divina Misericordia, para aumento, felicidad de la iglesia y de las Armas de Ntro. Católico Monarca.
Luego que llegué a esta Capital [México] con el Excelentísimo Señor Virrey, dispuse que uno de los mejores Pintores me trasuntase la Ymagen en lienzo de regular tamaño con las quatro apariciones y efixies de dos Santos tutelares: el Patriarca San José y San Juan Nepomuzeno; y para que lleve mas requisito al culto y veneracion haviso a Vuestra Reverencia que dicho lienzo va tocado al original que se venera en la Real Colegiata de su título de Guadalupe Estramuros de México; pues una casualidad me hizo conseguir la satisfaccion de que el Doctoral de la misma Colegiata tocase esta copia al original, cuyo lienzo bien puesto para que no se maltrate va dentro de un cañón de Lata […]
Acompaña dos estampas tocadas al Original: una Novena, un rezo diario y otro para el día doce de cada mes […] Encargando últimamente a Vuestra Reverencia que para la permanencia y respecto de dicha Imagen tocada al original se coloque si puede ser (e)n un cristal o como hallase Vuestra Reverencia por mas conveniente. […] México 12 de enero de 1794…Diego García Panés (rúbrica) […] (A) Reverenda Madre Avadesa de Carmelitas Calzadas de Puerto Rico.
(Arturo Dávila, «Pintura y Escultura Mexicana del siglo XVIII en Puerto Rico», Revista del Instituto de Cultura Puertorriqueña Año IX Núm. 32 (julio-septiembre 1966): 35-36.)
Durante los siglos XVII y XVIII fueron muy comunes las pinturas de la Virgen de Guadalupe que, luego de ser pintadas, eran «tocadas al Original», es decir, puestas sobre la imagen original en el Santuario de Guadalupe en México. Grandes pintores novohispanos como Miguel Cabrera, Cristóbal de Villalpando, Juan Correa, Miguel Rodríguez y Nicolás Enríquez, pintaban la imagen con las cuatro apariciones en cada esquina y luego la colocaban sobre la original, convirtiéndolas en reliquias. Esta modalidad se esparció por toda Nueva España y toda América. Igualmente, muchas eran acompañadas con otros santos. Este es el caso de la pintura que llevaba García Panés y la que se mando pintar para el Convento de Carmelitas de San Juan, con su patrono San José y San Juan Nepomuceno. Esta última, de acuerdo a Dávila, ya no está en poder de las Carmelitas.

Miguel Rodríguez, Virgen de Guadalupe con las cuatro apariciones, óleo sobre tabla, c. 1750.
La Guadalupana se ha convertido en una de las advocaciones trabajadas por los típicos santeros de palo puertorriqueños. En Ponce, igualmente se lleva a cabo un certamen de talla de Nuestra Señora de Guadalupe. Sin duda, la Morenita del Tepeyac ha logrado entrar de una manera especial al corazón del devoto puertorriqueño desde muy temprano en su historia.
Otra iglesia importante dedicada a la Virgen de Guadalupe en Puerto Rico es la que existe en Puerto Nuevo (San Juan) desde 1951. Igualmente existe otra parroquia en el pueblo de Hatillo, donde se le cantan sus tradicionales «Mañanitas». La Basílica Catedral Metropolitana de San Juan cuenta con una copia fiel del Ayate de San Juan Diego en una de sus capillas y cuenta con una asociación de devotos guadalupanos.

Imagen Original de Nuestra Señora de Guadalupe, Basílica de Santa María de Guadalupe, Ciudad de México.