Empezamos la Semana Santa

Entramos en la semana grande en que celebramos los misterios centrales de nuestra fe. La muerte de Cristo es la consecuencia de su propia vida de entrega por todos nosotros. Es terrible que tuviera que suceder lo que sucedió. El propio Dios, que se había hecho uno de nosotros, nos da la prueba suprema de amor. ¿Por qué lo hizo?: para enseñarnos a amar. El anonadamiento de Cristo, cantado en el himno cristológico de la Carta a los Filipenses, es la puerta que conduce a la glorificación. Por la Cruz se llega a la luz. Este himno nos introduce en el misterio pascual -muerte y resurrección de Cristo- que vamos a celebrar en el Triduo Santo. Jesús en este domingo de Ramos es aclamado por aquéllos que después van a quitarle de en medio. Es una muestra más de las incongruencias humanas…..Todo esto ocurre porque Jesús se mete en el mundo -su encarnación fue total-, asume el dolor de todos los hombres que hoy son «crucificados» como aquellos que mueren perseguidos a causa de su fe, de su color o de su condición diferente. Jesús se empeña en estar en todos los «líos», se sitúa en las entrañas de la vida, allí donde se juega el presente y el futuro de la humanidad. El mundo es su sitio. No le va la marginación ni la muerte injusta. Lucha por acabar con todo aquello que degrada al hombre, que le humilla, que le hunde en el abismo. Fue consecuente y valiente, por eso le mataron tanto el poder político como el religioso.

Jesús se entregó libremente por nosotros. En filipenses, San Pablo, en uno de los pasajes más maravillosos de la Biblia entera, describe en un himno lírico cómo Jesús abandonó sus prerrogativas divinas para tomar la condición de siervo, para humillarse, para morir en una cruz. El Hijo se hizo humano y escogió ser humillado y morir.

Jesús sigue muriendo hoy día….Nosotros seguimos crucificando a muchos «cristos» y gritando. «¡Crucifícalo!». Hoy Él nos invita a escoger que camino queremos seguir. Nos pregunta a qué lado queremos estar: ¿Con o contra el Siervo sufriente de Yahvé? La indiferencia aquí no es posible. Jesús espera nuestra respuesta: si estamos a favor de la justicia, apoyando a los débiles, luchando por un mundo mejor, sufriendo lo que nos toque para hacer realidad el Evangelio y siendo seguidores de Jesús hasta la muerte; o si elegimos otros caminos aparentemente más fáciles…Tenemos que preguntarnos, ¿con qué personaje me identifico? Tal vez con Judas el traidor, o con Pedro el cobarde, con Juan el discípulo fiel, con el buen ladrón, con las santas mujeres…. Hoy día Jesús sigue muriendo por nosotros y muchos “Cristos” en el mundo siguen sufriendo “su pasión”.